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Hubo una Dama de Hierro; aquí hay una Dama de Trapo

Una Breve 

Emilio Trinidad Zaldívar 

Aparece sonriente en la mañanera pero su mensaje es hueco. No convence porque le falta solidez, empaque para transmitir verdad. Es ella, débil reflejo de él.  

Nunca hizo nada sola o por iniciativa propia. Siempre, de la mano de don perverso, ha actuado, caminado y vivido en la política.

Cuando fue secretaria del Medio Ambiente en el gobierno de la Ciudad de México, sin que fuera su responsabilidad, se encargó -por “órdenes superiores”– de las obras del segundo piso del periférico para que fuera ella la que recibiera las “aportaciones” de los constructores, porque no había duda de que AMLO le tenía toda la confianza pero por dócil y obediente, no por pensar, actuar y resolver por sí sola. 

Como jefa delegacional en Tlalpan y por mucho, era menos activa que Ricardo Monreal en Cuauhtémoc y nada hacía sin consultarle al tabasqueño. 

Cuando fue jefa de Gobierno, acción que emprendiera, tenía que ser con previo consentimiento del entonces ya presidente.

Hoy, perdida, sin rumbo y desorientada, sin fuerza ni equipo suficiente de leales, ni se manda ni sabe mandar sola. Requiere que su tutor le indique y ordene qué hacer desde donde quiera que se encuentre el capo mayor, y así, de tumbo en tumbo, va siendo el hazmerreír de los más colmilludos políticos de Morena, de la clase política nacional y hasta del pueblo sabio, bueno y noble. 

López Obrador entendió que ella tenía que ceder a la presión de Estados Unidos para detener a algunos narcos, destruir laboratorios y decomisar varias toneladas de drogas, pero en todo lo demás, hace lo que él ordena: 

No tocar a Cuauhtémoc Blanco, no mover a Zoé Robledo del IMSS; no destituir y menos entregar a los gobernadores de Tamaulipas y Sinaloa, Américo Villarreal y Rubén Rocha Moya; no quitar de los liderazgos de Morena en el Poder Legislativo a Adán Augusto López Hernández y Ricardo Monreal Ávila; no mover de Migración a Francisco Garduño y menos encerrarlo; dejar que los negocios del INFONAVIT los haga Octavio Romero Oropeza con el “Clan” de Andy y su pandilla; y así, la lista es larga. 

Está visto que Morena no es un partido político, es un refugio de ladrones, de rufianes -hoy de acaudalados millonarios-, que encabezados por el que se cree el nuevo emperador del imperio mexicano, van acabando con todo lo que les puede ser obstáculo para sus incontenibles, insaciables ambiciones de dinero y poder.

Si la doña se atreve a actuar en contra de algunos de los altamente recomendados y si comienza a tomar decisiones propias, a salirse un poco más del guión, el tabasqueño, que  trabaja desde las sombras, en el inframundo, ordenará que en la revocación de mandato, o antes si es posible y para no convocar a elecciones, sea ella declarada por el Poder Legislativo en pleno o con la mayoría aplastante de diputados y senadores y con ministros a modo, como incapacitada para el ejercicio de la Presidencia, y mire usted que lo harían felices Ricardo Monreal y Adán Augusto López Hernández.

El jefe mayor está molesto porque la encargada del despacho presidencial ya persigue a algunos delincuentes que él protegía y porque terminará cediendo a las presiones de Donald Trump, que aprieta -entre muchos otros- por el tema de la elección de jueces, magistrados y ministros, sabiendo que eso no permitirá certeza jurídica para inversionistas y porque con el control total del Poder Judicial, el Poder Legislativo, los gobiernos estatales y sus Congresos locales, lo que sigue se llama dictadura y eso nunca lo va a permitir el coloso del norte. 

Ah, una disculpa, la dama de la que hablo en este texto se llama Claudia Sheinbaum Pardo. 

Tan pequeña es, tan disminuida se comporta, tan frágil se ve, que olvidé mencionarla desde el principio. 

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*Foto de ilustración es de Informador.mx

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