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Por Víctor Barrera
Posiblemente cuando Claudia Sheinbaum fue ungida por su mesías para ser la candidata de su franquicia a la presidencia de México, nunca pensó que sus correligionarios buscarían el espacio adecuado para acertarle golpes y debilitar su poder.
Claudia Sheinbaum imagino que, al asumir el poder, los rencores que generó esa lucha interna de las llamadas “corcholatas” acabaría y el gobierno que asumiría establecería el segundo piso de un partido hegemónico que con algunos cambios en las leyes constitucionales y eliminación de contrapesos podría mantener el poder.
Sin embargo, desde el principio, y al aceptar que su antecesor le impusiera en su mayoría quienes la acompañan en su gabinete, mostro la primera debilidad y dejó entrever que no sería ella quien gobierne al país.
Luego que, durante el mes de septiembre, cuando entro la nueva legislatura federal, se permitió a los coordinadores hicieran las cosas sin consultarla, para quedar bien con su mesías, Claudia Sheinbaum mostro otro elemento de debilidad. Provocando que la gente empezará a pensar que ella solo llego al puesto para ser la encarga de despacho y navegar así durante el tiempo que disponga su antecesor.
Ahora ante las modificaciones realizadas, en el Senado de la República, a la primera iniciativa presentada por la presidenta y que intento eliminar desde el 2027 la reelección y nepotismo en los puestos públicos de elección popular. Su liderazgo se vio aún más mermado, y lo peor es que este golpe vino de un partido aliado, porque sintió que se trastocaban los interese de uno de sus militantes.
Claudia tuvo la oportunidad de presentarse como líder y pedir que se actuara bajo los intereses su gobierno a través de su partido, pero dejó pasar la oportunidad acentuando aún más su debilidad en un momento donde enfrenta no solo los golpes internos dentro de su gobierno, sino los del exterior que viene del presidente Norteamericano Donald Trump.
Claudia Sheinbaum empieza a sentir la herencia de su antecesor, un país dividido socialmente, donde quien tiene un pequeño coto de poder no quiere perderlo sino al contrario hacerlo aún más grande y con ello se intensifican ls luchas al interior de Morena y de este partido político también con sus aliados.
Si a esto se suma un país con escasos recursos económicos, con una enorme deuda pública y un déficit fiscal del propio gobierno, el panorama para Sheinbaum Pardo y los mexicanos sigue siendo sombrío.
Por eso deberá entender que no tiene aliados en el Congreso y de no modificar esta situación ella misma empezara a establecer el fin de su presidencia, que inicio débil y frágil y reconocer que sus mayores enemigos no están en la oposición sino dentro de casa donde sus inquilinos, los de su partido y los aliados esperan la oportunidad de demostrar que ellos también tiene hambre de poder y lo trataran de obtener a cualquier precio y de cualquier forma.
Tratar de minimizar las cosas, solo demuestran a una débil Claudia Sheinbaum, el poder no se comparte se aplica. El poder otorgado por el pueblo se utiliza en beneficio del pueblo y no de los partidos políticos. Al menos eso es lo que prometió y quizás fue el inicio del enojo de quienes en campaña afirmaban ser sus aliados y hoy pretenden estar por encima de ella.
El dilema para Claudia es claro o rompe de manera directa con su sucesor o se resigna a ser simplemente a ser una persona más bajo las órdenes del mesías de Macuspana, como lo fue durante muchos años.